Cuando el amor es la única ancla
Sobre Juan 15: 13-15
Durante años hemos escuchado de el cristianismo es la búsqueda cotidiana del Sr. Dios, pero esta no es toda la verdad. El cristianismo es también la búsqueda implacable del Sr. Dios por cada uno de nosotros. ¿A qué está dispuesto este dios a hacer por nosotros? Está dispuesto a morir por nosotros. Y ninguna otra deidad ha hecho esto por los hombres y las muejeres: morir por nosotros. Mucho nos debe amar este dios si hace tal cosa. ¿Y si lo abandonamos y nos vamos lejos de él y después regresamos? ¿Cómo nos recibirá? Hará una fiesta. Porque estábamos perdido y hemos sido encontrados.
Muchos de nosotros creemos esta última afirmación racionalmente. Intelectualmente. Y hasta somos capaces de repetirla como un papagayo si alguien nos pregunta. Pero una cosa es confesarla en privado o proclamarla en público y otra cosa muy distinta es creerlo en el corazón. Sobre esto quiero compartir algunas ideas.
La realidad que vivimos es poderosa. Nos manipula. El pasado tiene mucho poder sobre nosotros aun. Nos esclaviza. Hay muchas voces que escuchamos cada día y nos las creemos. Voces que nos dicen: no eres buena persona, eres un inútil, no debes equivocarme, debes ser aceptado por todas las personas para sentirme bien, no tienes derecho a sentirme bien mientras otros sufren, no puedes decir lo que sientes, no tengas miedo, nadie te conoce, nadie te quiere.
Algunos cristianos optan por escuchar estas voces y atesorarlas en su cabeza. Otros optamos por ignorarlas. Y ofrecerle la oportunidad al Espíritu de Dios de que sea quien nos hable. Nuestras emociones están muy relacionadas con nuestra manera de vivir la espiritualidad. De hecho hay mucho de emociones en nuestra fe. Hay días que las podemos equilibrar y hay otros días que nos que nos zarandean de un lado para otro.
Quizás la pregunta oportuna para este primer domingo de Octubre sea: ¿Cómo seguir a Jesús en medio de estos días tan extraños? No albergo ninguna duda, el primer paso será apropiarnos de un tiempo para estar a solas con el Sr. Dios y con nosotros mismos. Sólo cuando nos damos permiso para disfrutar de este tiempo es que somos capaces de aceptar la afirmación de que el Sr. Dios nos ama para siempre. Cuando los otros amores son efímeros hay un amor que nunca nos abandona. Cuando los demás amores se enfrían hay uno que nos mantendrá el corazón caliente. Cuando otros amores se enojan, nos descalifican y nos abandonan hay un amor que nos dice: no temas, siempre estoy contigo.
Cuando leemos las Escrituras, y quizás este otoño es un buen momento para leerles, podremos encontrar a un Jesús que busca nuestro bien en cualquier situación. El no está esperando que seas especial para amarte. ¡Te ama ya! Y quiere ser tu amigo. No quiere que seas su esclavo.
Vienen días diferentes, algunos pensaran que son arduos. Podremos tener una imagen de Dios según las tradiciones, según lo que otros nos han dicho que es Dios. Incluso podremos tener una imagen personal tergiversada por nuestras experiencias de la vida. Y la vida a veces es dolorosa. Pero siempre serán imágenes difusas, irreales. La mejor imagen del Sr. Dios es la que nosotros experimentamos cuando estamos cerca de él y es esa imagen la que moldea nuestra manera de ser y de actuar en esta tierra. Los cristianos, a fin de cuenta, somos los que nos parecemos a Jesús. Los que actuamos como Jesús. Los que hablamos como Jesús. Por eso hay que conocer a Jesús. No podemos imitar a quien no conocemos. No podemos amar a quien está lejos de nosotros.
Quizás nos pasemos la vida buscando un poco de amor. Y lo busquemos en lugares erróneos. O con personas que sólo pueden ofrecernos lo que tienen. Quizás estamos buscando fuera lo que ya tenemos dentro. Quizás estamos buscando ser amados y ya se nos ama. Y si alguno de Uds. me quiere preguntar quién nos ama a pesar de nuestras limitaciones y temores, entonces yo tendré que mencionar al Sr. Dios. El nos ama con un amor que no se acaba. Y ese amor es nuestra única ancla.
Augusto G. Milián

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