Una nueva manera de enseñar
En la Palestina del s.I d.C, la casa es el espacio donde se desarrolla la vida privada. Las puertas de la ciudad el lugar donde tiene lugar la vida pública. Y la sinagoga es un lugar para hacer oraciones públicas. Jesús se hace presente en estos tres lugares en Cafarnaún. Y los cristianos no han de olvidar que Jesús es un judío creyente. Que no siempre estará en los lugares desiertos orando, sino que usará la ciudad para tener su ministerio público. Así que cuando Marcos nos cuenta con detalles los lugares y las circunstancias donde se manifiesta Jesús no es algo que hace de manera inocente. Sino que significa algo.
¿Y qué hace Jesús en la sinagoga de Cafarnaún un sábado? Pues proclamar del evangelio. Y esto está ligado a la acción de predicar las buenas noticias. Jesús hace dos cosas: enseñar y realiza actos de poder como son las curaciones y los exorcismos. En el v.27 vemos estas ideas sintetizadas en una pregunta.
La cronología del texto nos hace seguir una ruta por la ciudad. Primero actúa en la sinagoga, luego en la casa y finalmente en la puerta de la ciudad. En todo este espacio urbano expulsa demonios y cura a enfermos. ¿Podemos distinguir entre un enfermo y un endemoniado? Marcos no lo hará, al menos en estos pasajes. En la sinagoga hay un hombre endemoniado. En la casa hay una persona enferma, pero la enferma tiene fiebre y la curación consiste en expulsar la fiebre como si se tratase de un demonio.
Así que tenemos a Jesús enseñando y ejerciendo el poder y esto tiene unas consecuencias inmediatas entre los que le conocen o son testigos de sus actos: la popularidad. En el v.18 se nos dice que su fama se extendió por todas partes, la ciudad se agolpaba a su alrededor, todos les buscaban. Pero no se si se han dado cuenta de cierta detalle que se opone directamente a la acción de la popularidad: el silencio. En el v.25 Jesús le dice al demonio que posee al hombre que está dentro de la sinagoga: ¡Cállate! Nos encontraremos en este evangelio el contraste continuo entre la popularidad y la soledad de Jesús. Jesús hace cosas delante de la gente y Jesús va a lugares desiertos a estar solo.
¿Cómo podemos leer este texto hoy? ¿Qué interpretaciones podríamos exprimir de él? En primer lugar las indicaciones de los espacios es un tema a tener en cuenta. Pues tiene un profundo significado. Jesús participa de la vida religiosa de su tiempo, pero no se queda encerrado en ella. Va también a la gente y participa de sus vidas. En el evangelio que estudiamos ahora se recoge sólo tres visitas de Jesús a la sinagoga. Primera observación: el evangelio no puede estar encerrado en el mundo religioso. Y es que el Reino de Dios está cerca.
Otro aspecto a considerar sería la autoridad de Jesús a la hora de enseñar. ¿Por qué Jesús es novedoso al enseñar? ¿Se han hecho esta pregunta? ….¿Acaso lo que enseña en nuevo? Marcos no nos da muchos más detalles, sencillamente nos narra que sus palabras tenían poder. La enseñanza de Jesús resulta nueva porque está llena de autoridad. Y se enfrenta a la manera de enseñar de los escribas. Los profesionales de la enseñanza de las Escrituras, de la interpretación de la Ley en Israel. Pero la gente sabe que lo que en realidad hacen es repetir una vez y otra la tradición. Lo que siempre ha sido aceptado. Jesús no tiene titulo ni carta de recomendación alguna, pero cuando habla sus oyentes reconocen que su autoridad viene de arriba. Del Sr. Dios.
Este pasaje nos habla directamente al corazón de los que enseñamos en nuestra iglesia y nos invita a hacernos una pregunta: ¿Somos como los escribas que repiten una lección bien aprendida o somos testigos de las cosas que Dios está haciendo? ¿Cuándo queremos compartir nuestro conocimiento le pedimos al Espíritu de Dios que nos guíe o confiamos plenamente es nuestras habilidades?
Querida iglesia: no somos escribas, sino discípulos de Jesús. Si algo hay que comunicar es su mensaje. No nuestras tradiciones tan humanas. Se enseña curando. Se enseña perdonando, no adoctrinando las mentes de los hombres y las mujeres con el objetivo que nos sigan ciegamente. Si alguna cosa hay que contagiar es el Espíritu de Jesús, no nuestras teologías.

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