Como hace el viento con los árboles


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pensando en voz alta

Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo estamos llenos de paradojas. Y es que hay días en que buscamos fuera lo que hemos tenido siempre dentro. Y es que hay un momento de nuestra existencia que somos conscientes de que hemos estado amando lo que recién hemos perdido y nunca nos atrevimos a confesarlo en voz alta. A los cuatro vientos.

Si, los discípulos de Jesús suelen padecer de jornadas de oscuridad cuando abandonan la fe. Cuando le dan permiso a la tristeza para que haga un nido permanente en sus corazones. Y cuando esto pasa entonces buscan frutos en un árbol estéril. Esperan encontrar agua y le dan la espalda a la fuente. La desilusión les nubla la manera de ver el mundo. Enturbia la percepción que tienen de otras personas. Y están incapacitados para ver las cosas que hace  Sr. Dios delante de ellos. Están como ciegos.

Pero la desilusión nunca viaja sola. Le acompañan la pena y el sentimiento de pérdida. Los discípulos sin Jesús están desorientados cuando se abandonan a la melancolía. No son capaces de reconocer la voz de su Maestro entre otros tantos ruidos. Están como sordos.  

Pero no creamos que todo está perdido. Hay alguien que ha venido a ofrecer su corazón. Y frente a tal acto la muerte no tiene la última palabra. Jesús habla a los discípulos y les llama por su nombre. El conoce mi nombre y conoce el tuyo. 

Nosotros sabemos ahora que Jesús no sólo nos ofrece perdón para el pasado y poder para respirar en el presente, sino que nos asegura que al final de los días, cuando estemos cansados del camino, estaremos resguardados en las manos del Sr. Dios. Acunados. Mecidos. Como hace el viento con los árboles.

Lectura del evangelio de Juan 20: 11-13, 16

Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.

 Entonces Jesús la llamó por su nombre: ¡María! Ella se volvió y le dijo ¡Maestro!.

Oración

Señor de la vida: Tú conoces nuestros nombres antes que nadie los pronunciase. Antes que nuestros padres o hermanos los dijesen, ya tú sabías nuestros nombres. Y nosotros sólo te reconocemos cuando tú nos llamas por nuestros nombres. ¡Queremos escuchar nuestro nombre otra vez, Señor! Queremos compartir las buenas noticias con los demás. Queremos ser de bendición. Queremos ofrecer de lo que hay dentro de nosotros. Que sea el Espíritu Santo quien nos inspire e impulse, aquí y ahora. En Jesús nosotros confiamos. Amén.

Augusto G. Milián

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