Hay días


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay días que para avanzar tendremos que retroceder. Hoy nuestro retroceso es volver al Sinaí. Donde comenzó casi todo. El simple hecho de que exista el capítulo 34 de Éxodo es una prueba de que el Sr. Dios es un Dios de misericordia. Estamos en  la segunda vez que Dios se encuentra con Moisés en la montaña para hacer un pacto con el pueblo de Israel. Cuando Moisés descendió de la montaña la primera vez, el pueblo se había enamorado de las obras de sus propias manos. Estaban adorando un becerro de oro.

Pero ahora estamos en la montaña nuevamente, esperando la revelación de Dios. El pueblo no fue destruido. Y el simple hecho de tener este encuentro prueba que Dios es misericordioso. Dios es Señor, Dios es libre, Dios es todopoderoso, y Dios es misericordioso.. Pero antes de enfocarnos en esto, hay dos problemas en este texto que debemos tratar:

Primero, después de declarar que Dios perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, v. 7, el texto continúa diciendo, y que no tendrá por inocente al culpable. El problema aquí es: ¿Cómo puede él perdonar al culpable? O, ¿a qué culpable perdona, y a cuál se niega perdonar?

Para responder a estas cuestiones debemos mirar cómo han usado este pasaje los demás escritores del Antiguo Testamento. Como por ejemplo, Joel y Jonás. En Joel 2:12-13 podemos leer: Aun ahora -declara el SEÑOR- volved a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos”. Y Joel continúa para alentar al pueblo, Volved ahora al SEÑOR vuestro Dios, porque El es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal.

En otras palabras Joel usa Éxodo 34:6 para alentar al pueblo sobre que si se vuelven al Señor, Él se arrepentirá del mal que ha pronunciado contra ellos. Así, que la sospecha que albergamos es que las personas a quien Dios no perdonará son aquellas que no se arrepienten. Joel entendió Éxodo 34:5-7 de esta manera. El perdón es para el que se arrepiente. La negativa del Sr. Dios para perdonar está dirigida al impenitente.

El profeta Jonás ve las cosas de la misma manera. Sabemos que después de predicar a los de Nínive, éstos se arrepienten, Dios los perdona, y Jonás se enoja con Dios por ser tan misericordioso. En Jonás 3:10-4:2 dice:

Y vio Dios sus acciones, que se habían apartado de su mal camino; entonces se arrepintió Dios del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. Pero esto desagradó a Jonás en gran manera, y se enojó. Y oró al SEÑOR, y dijo: ¡Ah SEÑOR! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, porque sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas.

Aquí Jonás cita Éxodo 34:6 para explicar por qué Dios se volvió de su estado de enojo para con un pueblo pecador que se arrepintió y se volvió de sus malas costumbres. Esta es la naturaleza de Dios. Es su nombre. Pero observe que Jonás está de acuerdo con Joel en que si el Sr. Dios perdona o no a los de Nínive depende de si se arrepienten o no de sus malas acciones.

Ahora volvamos a las palabras dichas por Dios en el Monte Sinaí en Éxodo 34:6-7. Por un lado el Señor dice que el perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado”. Y por el otro lado, dice que no tendrá por inocente al culpable. Sin embargo, la ley nos dice que los pecadores son culpables, y merecen un castigo. Entonces la ya podemos sostener una respuesta a la pregunta ¿A cuáles perdonará? ¿Y a cuáles no? Nuestra respuesta es la que Joel y la de Jonás nos dan, Él perdonará al culpable que se vuelva de sus pecados y regrese a Dios de todo su corazón. Y al culpable que desprecie su misericordia de ninguna manera recibirá perdón.

El segundo problema es textual y lo encontramos en el v.7, el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Y tenemos un posible conflicto con otro texto, en  Ezequiel 18:20: El alma que peque, ésa morirá. El hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo. Entonces, ¿cómo pueden estos dos textos evitar contradecirse el uno con el otro?

Hay dos clases de personas que son difíciles de ayudar en la consejería espiritual. La primera piensa que ha cometido muchas faltas como para ser perdonada. Es la persona que nunca se perdona a ella misma. El otro tipo de persona cree que el perdón es instantáneo. Son las personas que asumen el perdón como un acto de magia. La primera asume que está absolutamente descalificada para el reino de los cielos. La segunda está demasiado segura de su perdón. La primera cree que Dios es inflexiblemente, colérico, como un padre que siempre está enojado.. La segunda piensa que Dios es fácil de convencer. Que se le puede comprar. La primera persona es ciega ante el poder de la misericordia de Dios. La otra está ciega en cuanto a la magnitud de su propia maldad. No se da cuenta que está haciendo daño a los de su alrededor

Sé que, cada día nos enfrentamos con personas de estas dos clases. Y el desafío es cómo dar un mensaje de esperanza para el primer tipo de personas, sin caer en el paternalismo con el segundo. Pero somos consientes de que dependemos de la oración y la obra del Espíritu Santo.

Lo que voy a decir  ahora va dirigido a la que está abatida, y al humilde, y al que está roto por dentro, a la persona sin esperanza, y al que desanimado y nos lo muestra cada domingo son sus palabras y acciones, mis palabras son para aquellos que sientan que están lejos del alcance del perdón del Sr. Dios. Miremos algunas de las expresiones que nos sugiere el texto:

1.    Tenemos un Dios misericordioso y clemente,

2.    Tenemos un Dios que es lento para la ira

3.    Tenemos un Dios que es abundante en misericordia y fidelidad;

4.   Tenemos un Dios que tiene misericordia para muchas personas,

5.    Tenemos un Dios que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado.

El Sr. Dios es lento para la ira, segun las Escrituras,  aún cuando le damos muchas razones para enojarse por nuestras debildades e injusticias; pero entonces ha decidido mostrarse misericordioso y perdonador. La razón por la que Dios es lento para la ira no se debe a que él no se de cuenta de cómo somos en realidad, sino a que ha elegido perdona nuestros pecados.

Otro apunte importante. Para aquellos que creen que hay una muchas clase de pecado les cuento un recurso literario del texto: la razón por la que en las Escrituras que hoy leemos se hagan uso de tres palabras que existen en hebreo para  referirse al pecado es para mostrar que todas las clases y grados de pecado son perdonables. El perdona la iniquidad y la transgresión y el pecado. No existe ninguna clase de pecado imperdonable. El único pecado que es imperdonable es el pecado de la impenitencia. Si puedes arrepentirte y volverte del estado de injusticia donde estás,  entonces puedes ser perdonado.

Quiero acabar con un recordatorio: Jesucristo vino al mundo para confirmar que Dios es quien dijo ser en el Monte Sinaí, un Dios misericordioso y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia. Así que no tienes excusa hoy para seguir lleno de tristezas y desesperos. Has de arrepentirte y confiar en Jesucristo como tu Salvador y tu Señor y tu sanador.

Si alguien te pregunta: ¿Cómo tú  sabes que Dios es perdonador? Tú y yo podemos responder: Porque Jesucristo lo vivió y murió por mi. Y por ti!

Augusto G. Milián

 

 

 

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