Para vivir el mañana
La Reforma protestante nos dejó un legado: no hemos sido llamados ha aprender reglas y tratar de
cumplirlas. La salvación es por gracia. Pero muchas veces lo olvidamos.
Y es que la vida cristiana, como la entendemos, aquí y ahora, no es un asunto de aprender reglas o mandamientos y tratar de hacer lo posible por cumplirlos para ser aceptados por el Sr. Dios. Tampoco se trata de hacer oraciones a alguien que no conocemos y al que no sabemos cómo alcanzar. Nosotros sabemos quien es el Sr. Dios. Las Escrituras nos hablan de él. Nuestra espiritualidad tiene una un sostén y tiene que ver con la relación que cada uno de nosotros tenga con el Espíritu Santo. Veamos otra vez el texto de la mañana:
Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
Básicamente, podemos deducir de tres labores que el Espíritu Santo viene a cumplir en nosotros:
Primeramente, el Espíritu Santo viene a vivir en nosotros.
El Sr. Dios vive en nosotros mediante la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida. Dios no trabaja desde las afueras de nuestra vida, no desde la periferia; sino desde adentro. Se hace presente para acompañarnos. No estamos solos. Así que su presencia esta para santificarnos. Para formar en ti y en mi el carácter de Jesús. Su presencia esta para guiarnos. Dicen el propio evangelista Juan más adelante: cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
En segundo lugar el Espíritu Santo viene para instruirnos.
Nuestro más importante instructor no es el pastor de la iglesia, sino el Espíritu Santo. Sin la acción del Espíritu Santo no podemos traducir este mundo que habitamos y obtener la verdad. Él es nuestro consejero, nuestro motivador, nuestro inspirador.
Y en tercer lugar, el Espíritu Santo nos convoca a dar frutos.
Sólo con la presencia y el poder del Espíritu Santo podemos convertirnos optar a ser testigos de Cristo en medio de nuestras circunstancias. Cuando nosotros compartimos las buenas noticias con otros, el mismo Sr. Dios habla a través nuestro.
Necesitamos, ahora mismo, ser conscientes de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Creer que Él vive en nosotros y darle permiso para actuar, sólo entonces serán visibles los cambios y los cambios que perduran son los que ocurren de adentro hacia afuera.. Dios no quiere que te sientas solo, por eso envió al Espíritu Santo a tu vida. El Sr. Dios no quiere que vivas sin entender y sin saber, por eso Jesús envía al Espíritu Santo a nuestras vidas, para instruirnos.
Podemos decir, y decimos, que el Sr. Dios no quiere que andemos sin fruto, por eso, el Espíritu Santo viene a tu vida para que compartas el evangelio con otras personas. Para acompañarte al dar buenas noticias. Para revestirte. Para animarte a que seas valiente aun en medio del dolor. ¿Qué para qué viene el Espíritu Santo a ti y a mí? Pues para que tú y yo podamos vivir el mañana.
Augusto G. Milián
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