Cuando el cansancio llega
Querida iglesia:
En este domingo el texto del evangelio nos deja dos cosas claras: En primer lugar, sabemos que Jesús prefiere hacer oraciones a solas, en lugares apartados; pero esta vez hace una oración de acción de gracias ante todos. Y en segundo término, Jesús no tiene problemas para relacionarse con la gente sencilla del pueblo. Ellos le entienden. La preocupación de Jesús es otra: ¿lo comprendían los líderes religiosos, los especialistas en la Ley, los grandes maestros de Israel?
Sospecho que han notado la diferencia que estable Jesús en esta oración entre los sencillos y los sabios y los entendidos. De los primeros podríamos afirmar algunas ideas. Se fían de Jesús. Se alegraban con él. Sintonizaban con el Dios que presentaba Jesús.
Pero la actitud de los entendidos era diferente. Ven a Jesús como un peligro. Una amenaza. No entendían porque dedica tanto tiempo y energía al sufrimiento de la gente y dedica tan poco tiempo al estudio de la Ley.
¿Ante quién estamos hoy? Ante un Jesús que se da permiso para desnudar su corazón. ¿Está Jesús contento? Para nuestra sorpresa, lo está. Y esto me hace sospechar que en la esencia de nuestra fe ha de estar tanto la alegría como el cansancio.
Mientras que los religiosos creen que lo saben todo, la gente sencilla de Israel tiene otra actitud. Mientras que los entendidos en la ley creen que no necesitan entender nada nuevo, los hombres y mujeres del pueblo miran lo esencial porque saben lo que es sufrir, lo que es sentirse mal y vivir con inseguridades. Jesús sabe que ellos no encuentran alivio en la religiosidad.
Ahora tú y yo hemos sido llamados por el Padre por nuestro nombre antes que nuestros padres nos llamaran. Ahora tú y yo podemos decir que hemos sido buscados por Jesús cuando nadie más nos buscaba. Que cuando estábamos solos y perdidos él nos encontró.
Si miramos al final del texto. Cuando acaba la oración Jesús hace tres llamados:
Venid a mí los que está cansado, es lo primero que proclama. Y estas palabras están dirigidas a los que la religiosidad les resulta una carga pesada. A los que no entienden tanta doctrina, tanto mandamiento. A los que buscan la alegría y no la encuentran detrás de tanta liturgia.
Cargad con mi yugo, son las palabras que pronuncia a continuación. Sospecho que tenemos que cambiar de yugo. El yugo de los entendidos se ha tornado insoportable. Es triste. No nos ofrece consuelo. Y no se trata de que la propuesta de Jesús exija menos de nosotros. No se trata de eso. Sino que el nuevo yugo es portador del amor que hace libre a las personas.
Aprended de mí, que soy sencillo. Esta es la tercer llamamiento que hace Jesús. Jesús no agobia a nadie. Cumple la ley y los mandamientos en su espíritu.
Y solo entonces nos tropezamoscon una promesa. Como el postre al final de la carta. Encontraremos descanso. ¿Y quien no busca descanso en estos días? Pero entonces me pregunto: ¿Soy capaz de encontrar descanso en Jesús cuando el cansancio llega? ¿Estoy dispuesto a dejar mis preocupaciones en las manos del Sr. Dios? ¿O prefiero ser yo quien le busque solución?
Querida iglesia:
Estas son preguntas que sólo tú y yo podremos responder cuando nadie nos escuche. Cuando nos demos permiso para ser libres. Cuando estemos dispuestos a poner a nuestros pies las tristezas y no cargar con ellas como si fueran un equipaje de mano.
Hay oraciones que nos hacen libres. Hay oraciones que nos hacen personas integras. Y esas oraciones generalmente empiezan diciendo: Señor estoy cansado. Estoy muy cansado…y a ti vengo.
Augusto G. Milián

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