¿Y tú qué pides cuando oras?
I. Lectura de Efesios 1: 15-23
II. ¿Para que el Sr. Dios nos llamó?
a) Aunque la carta está dirigidas a los cristianos de Efeso, por el formato del texto parece como si Pablo en realidad escribiese a Dios. Sus palabras en la alabanza y en las peticiones que hace así lo indican. Pero es hora de responder a la pregunta: ¿para que nos llamó Dios? Porque en realidad nadie llama sino con un propósito. Quizás la atención primaria nos haga fijarnos en el v.18, donde se nos dice que hemos sido llamados a la esperanza.
b) En el resto del Nuevo Testamento podemos encontrar varias afirmaciones semejantes y también la aclaración al respecto de este texto., pero todas encontramos un acento: la esperanza es una expectativa rica y variada. Se nos llama a ser de Jesucristo, a la comunión, a la santidad. Y una de las características del pueblo santo es que está libre de los juicios de la Ley.
III. ¿En nuestra herencia como hijos hay algo de riqueza?
a) Si miramos la literalidad del v.18b, encontramos que Pablo sigue orando, pero esta vez habla sobre nuestra herencia. Generalmente asociamos la herencia con el final de la vida de un familiar o pariente. Como un regalo que recibimos cuando un familiar deja de vivir. Ya sabemos que aquí la interpretación no puede ser liberalista, entonces,¿cómo entender esto en sentido espiritual?
b) La semana anterior en nuestro taller comentamos el concepto de elección, adopción y los ser hechos hijos de Dios. Hoy podemos conocer algunos detalles más. Por, ejemplo la herencia no tendrá un carácter particular e individual, sino tendrá un carácter comunitario, de conjunto.
IV. ¿Y qué hay entre el llamamiento y la herencia?
a) Si el llamamiento nos remonta al inicio de nuestra vida cristiana y la herencia a punta al final, podríamos hacernos una pregunta práctica. ¿qué hay en el medio? La respuesta está en el v.19. Pablo cree sin duda alguna que es el poder de Dios el que nos conduce de un comienzo hasta la meta.
b) Pero, ¿cómo podemos conocer o experimentar este poder? Generalmente nuestras vidas están llenas de dolores, quejas, dudas, luchas, sentimiento de fracaso, búsqueda de amor, entonces de que poder está hablando Pablo. Pablo más adelante nos dará un argumento apostólico, ver vv.20-23. En ellos se nos habla de la resurrección y exaltación de Jesús. Y Pablo nos los describe como tres eventos a tener en cuenta: primero Dios resucita a Jesús de entre los muertos, v.20a. Posteriormente, lo sienta a su diestra en lo alto, v.20b,21. Y por último, lo pone como cabeza de la iglesia, 22b,23. Esto es una demostración de poder. Sólo el Sr. Dios podría haber hecho esto. Hay dos poderes que los hombres y las mujeres no pueden controlar y que hacen esclavo: la muerte y el mal. Nosotros no podemos evitar la muerte. Nosotros no podemos vencer al mal. Pero Dios, mediante Cristo lo hace. Y su lo hace con Jesús. También lo puede hacer contigo y conmigo.
c) Quisiera compartir algunas consideraciones sobre lo anterior: La muerte es un enemigo amargo e implacable. Ningún poder humano puede evitarla. Pero Dios ha hecho lo que el hombre no puede hacer. La resurrección de Jesús es muestra de ese poder. Pero no sólo lo levantó de una manera definitiva de la muerte sino que lo puso en un sitio de honor y de autoridad ejecutiva. Ya anunciado en el Salmo 110:1. Y el hecho de que odas las cosas están bajo su poder nos puede traer a la memoria lo que ocurre con el padre Adán: recibe dominio sobre la tierra y sus criaturas. Pero este poder fue limitado por la Caída.
V. ¿Conclusiones?
a) Si aparcamos por un tiempo las cuestiones doctrinales o literarias. Y miramos con calma el texto veremos que hay una palabra que Pablo repite mucho en su oración: conocimiento. Por nuestra cultura y filosofía que hemos recibido como herencia la mayoría de nosotros tienda en un ejercicio involuntario a separar la fe del conocimiento o el conocimiento de la madurez cristiana.
b) Pablo espera que sus lectores tengan conocimiento del llamado de Dios. Pero hay días que dudamos de este conocimiento. Otros depositamos nuestra confianza en el Espíritu Santo. Y quizás esto sea cierto, pero no hay ninguna indicación de que podemos cruzar los brazos y esperar sin tener la responsabilidad de pensar. El otro extremo del péndulo es los que se dan permiso para utilizar sus mentes pero no le dan permiso al Espíritu Santo para que diga algo. Para Pablo la iluminación de Dios y el conocimiento humano han de estar unidos.
c) Es vox populi la fe y la razón son incompatibles. Pero en las Escrituras no es así. Nunca están enfrentadas. Y de hecho no se nos invita a elegir entre ellas. La fe va más allá de la razón, pero descansa en ella. El conocimiento es una especie de escalera sobre la cual la fe puede ascender.
d) Cuando oras, ¿tu que pides?
VI. Preguntas, dudas y sospechas

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