Felices los infelices


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I. Lectura Mateo 5, 4

 II. ¿Por qué lloramos?

 a. Esta es una pregunta que podemos responder de dos maneras. La primera diciendo que porque las glándulas lacrimógenas segregan una especie de líquido salado por los ojos. La segunda respuesta es porque la emoción nos inunda.

 b. La segunda bienaventuranza pronunciada por Jesús en el SM podríamos traducirla como felices los infelices. Pero estamos delante de una paradoja. ¿Cómo es posible que una aflicción produzca una bendición? quizás algunos se pregunte.

 c. Por el contexto general no deberíamos suponer que a los que se les promete el consuelo son aquellas personas que han perdido a un ser querido, o un bien material, o sufren una desilusión amorosa. No se trata, por esta vez, de este tipo de pérdidas. Sino que de la inocencia, de la justicia, del respeto propio.

 d. Cuando Jesús pronuncia esta bendición asumimos que está pensando en un llanto de arrepentimiento y no en otro. Si en el encuentro anterior habíamos hablado de la pobreza espiritual y su concepto y su praxis. El asunto ahora es sobre el lamento y su exteriorización. Tendremos que hablar de lo que es confesar y de lo que es arrepentirse. Puesto que una cosa es considerarse espiritualmente pobre y otra muy distinta es lamentarse y llorar por ella.

 III. Lo que hemos aprendido de la vida cristiana.

 a. Algunas veces   hemos escuchado el mensaje de que la vida cristiana es un camino de de losas amarillas bordeado de flores donde hay alegrías y celebraciones. Pero este nunca fue el mensaje de Jesús.

 b. Algunas teologías contemporáneas han hecho de la celebración un espacio donde siempre se ha de estar con la sonrisa expuesta y no dar lugar para la pena. Pero estos tipos de teologías no son bíblicas. No la encontraremos expuesta en el AT ni el NT. Las Escrituras exponen con más frecuencia a los creyentes que lloran que a los que ríen constantemente.

 c. Si recordamos las emociones de Jesús se nos dice en varios textos que él llora por los pecados de otros, por las amargas consecuencias del juicio y de la muerte sobre los hombres y las mujeres, que llora por la ciudad de Jerusalén que muestra su soberbia. Asi que tenemos una invitación a llorar por el mal que existe en el mundo, pero este llanto se nos resiste. Ver Salmo 119,36, Ezequiel 9,4 y Filipenses 3,18.

 d. Pero no sólo los pecados ajenos nos deberían causar llanto, también están los nuestros. Pero siempre nos resulta más fácil ver los ajenos. Siempre.

 IV. Los que recibirán consuelo.

 a.     Los que lloran por el mal circundante y por sus propias faltas serán consolados por el único consuelo que puede aliviar su dolor. Es decir el perdón del Sr. Dios.

 b.    Consolar, es uno de los atributos del Mesías. Ver Isaías 61,1.

c. Hay múltiples aspectos de ese plan que sirven para consolar a los seguidores de Cristo incluso en ese momento en que pueden estar sufriendo. Aquí hay tres:

  1. El perdón de los pecados. El arrepentimiento puede ser una experiencia dolorosa. Pero hay consuelo en saber que cuando nos arrepentimos, Dios perdona nuestros pecados y los borra de su mente Cuanto está lejos el oriente del occidente, Salmos 103:12. En el fondo de esa angustia, es posible ver la misericordia y la grandeza de Dios. Ver Joel 2:13; 1 Juan 1:9.
  2. El regreso de Cristo. El mundo es un desastre total que sólo tiene una solución: el regreso de Jesucristo. Hasta que Él regrese, la situación seguirá empeorando. Después de su regreso a esta Tierra, Cristo hará posible que: Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor, Jeremías 31:13. Eventualmente, enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos Apocalipsis 21:4.
  3. Resurrección. Después de la muerte de un ser querido, saber que existe la resurrección puede ser muy reconfortante. Saber que esta vida no es todo lo que hay, sino que Dios tiene reservado algo aún más grande es una gran fuente de consuelo. Ver 1 Corintios 15:51-54; 1 Tesalonicenses 4:13-18.

V. Opiniones, ideas, preguntas, etc

 

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