Habitamos la cultura del orgullo y de la independencia
I. Lectura Mateo 5,3
II. La primera bienaventuranza.
a. No es casualidad, pocas cosas lo son, que la primera de las bienaventuranzas sea la de ser pobre en espíritu. Ésta es una característica necesaria para el carácter cristiano, además de ser un requisito esencial para seguir el camino de vida que propone el Sr. Dios. Con un espíritu humilde es posible desarrollar el resto de las características que Jesús plantea para vivir la realidad del Reino de Dios.
b. Esta bienaventuranza se usa en el sentido espiritual en la mayoría de los discursos a lo largo de la historia. Pero hay más, esta bienaventuranza, se refiere a alguien que es lo suficientemente humilde como para reconocer su insignificancia ante la acción de Dios, quien tiene un poder impresionante, pero también es la actitud de alguien que está dispuesto a someterse a ese poder.
c. El pensamiento judío asumía que comparados con Dios, no somos nada. Encontramos en los Salmos este planteamiento. En la práctica un pobre en espíritu es alguien que no se compara con los demás. Sería bueno leer 2 Corintios 10:12. Después de ver lo insignificante que es uno comparado con Dios, es imposible no sentirse humilde. Ver Salmos 39:4-7. Otra referencia que encontramos en el AT, está en el libro de Job. Después de que Dios le permitiera a Job dar un vistazo de su grandeza a través de la creación, Job dijo: De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto, me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza. Job 42:5-6.
d. Hay muchas razones por las que Jesús nos pide esta profunda humildad. Los humildes desean y permiten que se les enseñe. Ver el Salmos 25:9 y se arrepienten Salmos 34:18; 51:17. Quizás esto es lo que esperamos de un discípulo cristiano. Los pobres de espíritu reconocen que dependen de Dios y su gracia. Ver Salmos 69:29-36 e Isaías 66:1-2.
III. ¿Por qué de tales personas es el Reino de los cielos?
a. A los pobres en espíritu se les hace una promesa increíble: heredarán el Reino de Dios. Mateo usa los términos reino de Dios y reino de los cielos indistintamente. Ésta es una promesa que se entreteje a través de las Escrituras en varias formas para aquellos que son humildes y pobres en espíritu.
b. Veamos un ejemplo de las escrituras hebreas: Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Isaías 57:15.
c. En realidad la propuesta de Jesús no es nueva. Sino algo que trae desde el pasado y lo rememora porque sencillamente se ha olvidado. Esto es algo que nuestro predecesor Jesucristo ya demostró. ¿Y cómo lo hace? Haciendo de ello su praxis de vida. El Hijo de Dios estaba dispuesto a vivir como un ser humano humilde y a sufrir una ignominiosa muerte. Sin embargo, después de su resurrección, Dios lo llevó a una posición de autoridad increíble.
IV. Una cosa es la teoría y otra la práctica.
a. La humildad no es fácil ni natural. Tampoco es algo que se pueda comprar. La mayoría de la gente ni siquiera intenta ser humilde. Tampoco la cultura que vivimos nos ayuda mucho. Existe la creencia popular que son los orgullosos e independientes los que se muestran ser los más exitosos. Pero hay más, la humildad y la dependencia de Dios son vistas como debilidades.
b. La soberbia es todo lo contrario a la humildad. La soberbia nos impide aprender y conocer. La soberbia lleva a la destrucción, dice Proverbios 16:18-19. Contrariamente a lo que la mayoría de la gente imagina, los humildes serán honrados cuando los orgullosos sean derribados, ver Proverbios 29:23. No es algo que suceda pronto, pero los humildes serán exaltados cuando fuere su tiempo, escribe 1 Pedro 5:5-6.
c. ¿Qué es ser pobre en espíritu para nosotros aquí y ahora? Para ser pobre de espíritu, es vital saber que significa serlo. Aquí hay tres cosas que indican que alguien es pobre en espíritu y por lo tanto heredero del Reino.
i. Ser obediente. Sin obediencia, el camino que ofrece el Sr. Dios no es más que una acumulación de información o normas a seguir y que podemos olvidar rápidamente. Ver Deuteronomio 8:11-17. Esta obediencia no puede ser parcial, debe ser completa e incluye toda la Escritura, ver Mateo 4:4.
ii. No sentirse por encima de los demás. Un aspecto clave de la humildad son nuestras relaciones con los demás. El comportamiento de un cristiano con los demás debe reflejar un espíritu que no se esfuerza por obtener lo mejor para sí mismo, ver Lucas 14:8-11. Un cristiano no debe hacer nada por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” Ver Filipenses 2:3.
iii. Arrepentimiento. Se necesita ser pobre en espíritu para arrepentirse verdaderamente, para reconocer las injusticias en nuestra propia vida y cambiar. Un espíritu arrepentido es evidencia de un espíritu pobre y contrito, ver Lucas 18:9-14. Ver el pecado en la vida de uno es una muestra de humildad.
V. Opiniones, preguntas, dudas, etc.

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