Aunque afuera haga frío.
Hay que encender una luz en la oscuridad
El día ha comenzado. Y el sol ha de salir para todos. Para los que se saben amados y para los que lo han olvidado. Para ti y para mí, hoy es un nuevo día. Una nueva oportunidad.
Lectura del evangelio de Marcos, capítulo 3, versículos 13 al 18
Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios: a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa.
Estas son nombres que nos deberían recordar que el Sr. Dios llama a personas comunes para que salgan al camino y no para que no se queden atrincherados entre cuatro paredes, para enfrentar la frialdad del mundo.
Los discípulos de Jesús son los que saben que sus vidas están llenas de situaciones de pérdidas de hallazgos. De risas y de lágrimas. Tú y yo, también lo hemos experimentados. Todos hemos llorado tras una despedida. Todos nos alegramos tras un encuentro. Y es que las pérdidas y los encuentros nos han traído a este lugar donde tú y yo estamos.
Los discípulos de Jesús han de vivir en este mundo con un corazón de carne, porque el de piedra ya no sirve. Y perdonen si traduzco esto como: tener un corazón misericordioso. Y no se trata, por esta vez, de ser empáticos o solidarios. No. Hablo de ir más allá de nuestras propias confesiones. Hablo de responder a la voz de Jesús, cuando creíamos que nada más nos iba a llamar por nuestros propios nombres.
Los discípulos de Jesús sabemos que hay muchas formas de estar perdido. No sólo están perdidos el que se va lejos y no sabe cómo regresar a casa. O el que está en medio de la oscuridad. No. Hay hombres y mujeres que están perdidos sin haber salido de sus casas, o de sus iglesias, o de la ciudad donde viven. Porque lo que han perdido es su propio corazón. Gente que no puede escuchar la voz de los demás ni la voz del Sr. Dios.
Cuando los discípulos son llamados por Jesús no son conscientes del largo del camino que les espera, de las incertidumbres del día a día, de los milagros que presenciarían, de la compañía cálida que disfrutaron. Estas son cosas que aprenderán después. Que recordarán después. En eso nos parecemos mucho usted y yo a ellos Porque valoramos lo que tenemos sólo cuando lo hemos perdido. No antes.
Es con el paso del tiempo, que los discípulos de Jesús entenderemos que el Sr. Dios siempre está cuidándonos, sin importar lo lejos que nos hayamos ido. Y que nos llama por nuestros nombres. Siempre. Aunque afuera haga frío.
¿Quién me acompañara en una oración?
Querido Dios: Tú conoces por nuestros nombres. Y nosotros en ti confiamos. Tú sabes de las cargas que llevamos, de los dolores, de las tristezas y sabes que nosotros solos ya no podemos. Espíritu Santo ayúdanos a tener un corazón compasivo, aunque afuera haga frío y gracias porque nos enseñas a esperar con las manos abiertas. Jesús llámanos por nuestros nombres. Amén. Augusto G. Milián

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