Y dice una mariposa
Tema 15
Eclesiastés 11: 7-10
I. Un último romance con lo que está debajo del sol. vv.7-8
Suave ciertamente es la luz,
y agradable a los ojos ver el sol;
pero aunque un hombre viva muchos años,
y en todos ellos tenga gozo,
acuérdese sin embargo,
que los días de las tinieblas serán muchos.
Todo cuanto viene es vanidad.
a. Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol: Después de discutir repetidamente sobre la premisa expresada por la frase de debajo del sol, el Predicador de nuevo expresa la idea antes de llegar a su conclusión en el último capítulo de Eclesiastés.
b. Acuérdese sin embargo, que los días de las tinieblas: El sol da luz, pero bajo la premisa de debajo del sol parece que trae al Predicador (y a nosotros) hacia días de las tinieblas; y si se vive bajo dicha premisa, aquellos días oscuros serán muchos y habrá mucha vanidad por venir.
II. La dulce vida de la juventud
Disfruta, joven, en tu adolescencia
y sé feliz en tus días de juventud;
sigue los sentimientos de tu corazón
y lo que es atractivo a tus ojos;
pero debes saber que por todo esto
Dios te pedirá cuentas.
10 Aleja las penas de tu corazón
y aparta el sufrimiento de tu cuerpo,
porque efímera es la juventud.
Que no se nos olvide que
la vida puede ser dulce para los hombres malos, porque ellos tienen su porción
en esta vida; y que también es dulce para los buenos, porque es el tiempo de
preparación para lo mejor; es dulce para todos.
Aquí hay una advertencia
para pensar en la muerte aun cuando la vida sea más dulce que nunca. El autor
pretende hacer un discurso que afecta a
la gente joven. ¿Al final del texto? Ellos desean la oportunidad para perseguir
cada placer. Entonces, sigue tus deseos, pero y aquí viene la advertencia, ten la seguridad de que Dios te llamará a
juicio un día. ¡Cuántos dan rienda suelta a todo apetito y corren a todo placer
vicioso!
Para el Predicador Dios
registra cada uno de nuestros pensamientos y deseos, las palabras ociosas y las
palabras malas. Si ellos quieren evitar el remordimiento y el terror, si
quieren tener esperanza y consuelo en el lecho de muerte, si quieren escapar de
la miseria aquí y en el más allá, recuerden la vanidad de los placeres
juveniles. Podríamos pensar que el autor esta haciendo un examen de su propia
conciencia.
Evidente es que la
pretensión del texto es condenar los placeres. Su objetivo es llevar al joven a
deleites más duraderos y más puros. Pero de alguna manera esto es utópico.
Porque a esta línea de pensamiento llegamos precisamente cuando abandonamos la
juventud.
Pero no nos contentemos
con una lógica causal. Este no es el lenguaje de uno que regaña de los placeres
juveniles porque no puede participar ya más de ellos; si no que podríamos
entender que es el aviso de un hombre quien, por milagro de misericordia, ha
sido llevado de vuelta a la seguridad. Y ahora que sabe donde esta el error y
el fracaso ha de persuadir al joven de probar un rumbo del cual tan pocos
regresan.
Si el joven quiere vivir
una vida de felicidad verdadera, si quiere asegurarse la felicidad en el más
allá, que se acuerde de su Creador en los días de su juventud.
A menudo escuchamos a la
gente decir: No importa. Pero muchas de nuestras decisiones son
irreversibles: permanecerán con uno el resto de la vida. Lo que uno hace cuando
es joven sí importa. Disfrute de la vida ahora, pero no haga nada físico, moral
o espiritual que pueda impedirle disfrutar de la vida cuando sea viejo.
III. Un contraste
interesante
Muchos a menudo llaman la
atención al contraste entre Números 15:39 y Eclesiastés 11:9-10.
Aquel pasaje concierne el
peligro de la desobediencia, cuyo origen es localizado en el corazón.
Este pasaje concierne el
gozo, el cual también sale del corazón. De hecho, todo aspecto de la vida nace
del corazón (Prov. 4:23). El libro Números advierte contra aquél, el Predicador
nos anima en éste.
Este texto con su contraste entre corazón y
carne, el aspecto interior y exterior de la vida humana,
hace hincapié en la debilidad física. Por tanto la exhortación habla de quitar
las barreras físicas que impiden el gozo en cuanto sea posible. Si queda dentro de nuestro alcance quitar el dolor corporal o la incomodidad, conviene hacerlo. Los enigmas de la vida no son solucionados por el ascetismo.
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